Las palabras a continuación no pretenden ser una explicación teórica del trabajo del duelo. Sobran las referencias al texto “Duelo y melancolía” de Freud, el cual, de manera pionera, brinda las coordenadas necesarias para un estudio metapsicológico del duelo y su relación con la melancolía. No se trata de repetir mantras teóricos.
El hecho de que un duelo exige un esfuerzo de subjetivación, conduce a pensar que tampoco será posible describir de manera acabada los sentimientos experimentados durante dicho proceso. Existen tantas formas de subjetivar el duelo, como sujetos en duelo. No existe un “algo para todos”.
La clinica psicoanalítica muchas veces se presenta como una experiencia escenográfica teatral, sobre el cual se despliegan escenas y libretos que hablan del sujeto que carga un sufrimiento. Este sufrimiento que se monta en el marco escenográfico psicoanalítico muchas veces es un actor ciego, sordo y mudo.
La pretensión de este escrito es el de condensar algunos guiones. El objetivo es reconocer cierto curso, cierto recorrido a través de las diferentes instancias del acontecimiento que siempre marca un antes y un despues en la vida de toda persona: la perdida de algo amado.
Las escenas que se presentan a continuación, versan sobre una trama inmensa, cargada de amor y dolor; cargada de ira y tristeza; cargada de aprendizaje y transformación. En ultima instancia, se intentará presentar algunos puntos que refieran a al trabajo clínico del analista sin que esto profane la esencia del escrito, bajo la idea de la dramaturgia del duelo.
ESCENA1. LA DESAPARICIÓN DE LO AMADO.
- Esa voz que no volverá a pronunciar nuestro nombre
- Esa rutina alterada para siempre.
- Ese ideal que perdió su estatuto y se volvió terrenal.
- Ese beso que no se sentirá más.
El duelo, palabra siempre ligada al dolor. El duelo, palabra ligada a la muerte. El duelo, palabra ligada a la desaparición. Desaparición de lo amado.
La escena 1 representa el momento donde irremediablemente desaparece aquello entramado a nuestra vida, a nuestro ser. Vacío innombrable. Sentimiento indescriptible.
Algunos llaman a esta escena, el momento de la crisis, momento donde nos anoticiamos de la pérdida. El duelo no se trata únicamente de la muerte. Creo que se trata de un final, que da inicio a un comienzo diferente.
En psicoanálisis es famoso el verso freudiano que hace referencia al “trabajo del duelo”, un esfuerzo psíquico que consiste en retirar del objeto amado, aquellos lazos afectivos ligados a su soporte imaginario. ¿Pero alcanza esta definición para hacer referencia al dolor que atraviesa a los deudos?
El duelo se parece mas a un camino que tiene como destino subjetivar una pérdida.
Suena paradójico que el trabajo de subjetivación refiera justamente a hallar simbólicamente un modo de hacer presente aquello que se volvió irremediablemente ausente.
ESCENA 2. EL TRÁNSITO ABISMAL.
No todos los duelos son los mismos duelos.
-¿Es acaso la misma perdida la muerte de nuestros padres, que la perdida de un ideal?
- ¿Se puede trazar equivalencia entre la una separación de pareja que una pérdida laboral?
-¿Qué podemos subjetivar de la muerte de un hijo?
-¿Que se pierde cuando lo que se pierde es un sentido?
La Escena 2 se presenta como el período que concentra los aspectos mas abismales del tránsito del duelo.
La negación de que aquello amado ha desaparecido, se presenta como la primera solución para disminuir el dolor de la pérdida.
Es probable que el enojo y la ira, se entremezclen con una fase depresiva. La furia porque esa porción que éramos junto al otro, ya no está, y la tristeza atada a la incertidumbre, empobrece la calidad anímica del deudo.
El tránsito, la elaboración, el trabajo de duelar, requiere de energía. Esta demanda energética puede dar lugar a la aparición de inhibiciones que son sumamente frecuentes en las presentaciones clínicas.
El averno que rodea el camino presenta la tentación de hacer equivaler el dolor psíquico con el dolor físico. El dolor espiritual se puede deformar en dolor corporal.
La escena 2 es la escena donde nuestro ser peligra ante la posibilidad de quedar detenido en el dolor. Quienes atraviesan las sombras, son capaces de hacer un duelo; quienes no, están condenados a vivir en duelo.
ESCENA 3. LA AMPLIFICACIÓN DE LO SINGULAR.
- Es la belleza de las lecciones aprendidas
- El recuerdo de momentos colmados de amor.
- Las enseñanzas resignificadas a la luz de la maduración.
La persona que nos miraba con amor, ya no se encuentra en su recipiente material. Ya no está. Y seguramente nunca entenderemos a donde se ha ido ese ser.
Existe un desafío actual entrelazado al avance de la tecnología acerca de la idea de perpetuidad. Hoy podemos oír una y mil veces la voz post mortem en un audio de whatsapp. ¿Una persona está presente si no se cierran sus redes sociales?
La escena 3 plantea el momento de la superación de la pérdida. Si la escena anterior logra ser atravesada, se experimenta la aceptación sobre la finitud existencial. La reflexión sobre el final de los eventos incluye reflexionar sobre los proyectos que nos restan llevar a cabo.
La culpa neurótica nos hará sentir que nos faltó decirle a quien se ha ido, una palabra más. La culpa neurótica nos hará preguntar por qué no compartimos más tiempo con ellos mientras estaban vivos. La culpa neurótica siempre nos pide dar más de lo que tenemos a nuestro alcance.
El momento curativo es el momento la inclusión de esa ausencia. Una amplificación de nuestra singularidad a partir de la ausencia de un amor irrepetible.
Algunas consideraciones sobre la dramaturgia del duelo.
Lo presentado en las tres escenas, de ninguna manera permite una exposición de lo que un duelo representa para cada persona. Como se señalo al comienzo del escrito, existen tantas formas de subjetivar el duelo, como sujetos en duelo.
Es necesario referir tambien, que un duelo implica la experiencia de una perdida de un objeto amado, que no necesariamente es siempre un ser amado. Esta idea extiende su alcance a otras situaciones tales como perder un trabajo, perder un lugar infantil, perder un ideal o perder sentido. Es decir que atravesar un duelo, es dar lugar a una pérdida irreversible.
Lo que puja detrás del dolor de la perdida es, justamente, la idea de irreversibilidad. El ser humano aun no puede convivir del todo con la noción de que todo tiene un final. Lo irreversible muchas veces encuentra su solución en la negación de los eventos. Mas amena parece ser la puerta que conduce a entender la perdida, como una transformación. La idea de transformación conduce a cierta continuidad ad infinitum que termina saciando la sed por el objeto perdido. Algo termina, a la vez que algo nuevo comienza.
Resulta interesante incorporar al trabajo analítico, el lugar de la legalidad en el marco del duelo. ¿Qué es lo vive el sujeto al recibir la carta de despido que certifica que su vínculo laboral ha concluido? ¿qué es lo siente una persona al leer el certificado de defunción que garantiza que su amado se ha ido para siempre? ¿que se termina de romper al firmar un divorcio? La ley jamás transmite un sentimiento, pero siempre hace sentir. La muñeca del analista debe estar lista para incluir en su trabajo, el rol que la legalidad tiene en los duelos.
La dramaturgia del duelo refiere a la posibilidad que tiene el analista de armar una trama alrededor de la experiencia del protagonista. Es brindar un sostén frente a un dolor que la persona no entiende. Es la reconstrucción del lugar que el objeto perdido encarnaba en la vida de quien esta delante. Es la re significación de los momentos el sujeto ha abandonado en su historia.
Es la escritura de lo nuevo a partir del dolor.
Sobre del autor:
• Emiliano A. Gomez es Licenciado en psicología (UBA) y psicoanalista
• M.N. 79913
• Docente de la cátedra 081 "Fisiopatología y enfermedades psicosomáticas" (UBA), tutor de trabajos practicos en la Práctica Profesional 817 "Abordaje de las patologías del acto: la clínica en los bordes" (UBA), y coordinador docente de {Pulsiones}.
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